animal demasiado orgulloso para aceptar ayuda.
Él avanzó.
—No sabes nada de mí.
—Sé que tu padre te enseñó a creer que querer a alguien es darle un arma para lastimarte. Sé que tu hermano usa eso contra ti. Y sé que llevas semanas mirándome como si la línea del piso fuera lo único que evita que hagas algo de lo que tienes miedo.
Mateo quedó pálido.
—Miro porque no puedo dejar de hacerlo.
Clara tragó saliva.
Él se acercó despacio y apoyó las manos en sus hombros.
—Te traje