porque pensé que eras tan dura como yo. Pensé que podríamos pasar meses sin sentir nada.
—Te equivocaste.
—Sí.
Mateo rozó su mejilla.
—Dime que retroceda y no volveré a tocarte.
Clara miró la línea, casi desaparecida.
—Yo nunca la dibujé.
Fue ella quien cerró la distancia.
El beso no tuvo la violencia de una pelea, sino la desesperación de 2 personas cansadas de fingir. Mateo la abrazó con cuidado por sus costillas heridas. Clara hundió el rostro en su cuello y, por primera vez en años, no pensó en