Finge ser mi esposa, dijo un hombre de la montaña—Pero al probar lo que era estar con ella, rompió su única condición kara

para la maderera. A ti te compró con promesas porque sabía que necesitabas ganarme. Ninguno fue su favorito, Lucio. Solo fuimos herramientas distintas.

La furia del hermano se quebró por un instante.

Barragán abrió nuevamente la carpeta.

—Hay algo más. Don Jacinto dejó una carta cerrada para entregar únicamente si la cláusula se cumplía.

Mateo palideció.

—Quémela.

—Creo que debería leerla.

—No.

Clara tomó la mano de Mateo.

—Entonces no la leas hoy. Pero deja de permitir que un muerto siga decidiendo qué sientes.

Lucio bajó la mirada.

Salcedo salió