escuchar el silencio sin temerlo. Descubrió que Mateo siempre le dejaba el mejor corte de carne, revisaba 2 veces el cerrojo y jamás se acercaba a ella cuando bebía mezcal.
También descubrió que él la miraba cuando creía que no lo veía.
Entonces llegó la tormenta.
A las 6 de la tarde, la puerta se abrió de golpe. Mateo cayó de rodillas cubierto de nieve, con los labios morados y una mancha de sangre bajo el gabán.
Clara cruzó la línea de carbón.
—No se acerque —gruñó él.
—Cállese.
Le