El chico tatuado que pidió quince euros y terminó cambiándome la vida kara

rozaduras.

—Me ha pagado bien —dijo, como si no acabara de creérselo.

—Porque has trabajado bien.

—Y me ha dicho que vuelva dentro de dos semanas.

—Pues volverás.

Se quedó un momento callado.

Luego sacó del bolsillo un papel doblado.

—He apuntado todo. Lo que he cobrado, lo que gasto en gasolina cuando consiga una máquina mejor, lo que tengo que guardar para Nora…

—No me lo tienes que enseñar.

—Ya. Pero quería que usted supiera que no estoy tirando nada.

Me dolió que sintiera la necesidad de demostrarlo.

Cuántas