El chico tatuado que pidió quince euros y terminó cambiándome la vida kara

cansado para un chico de su edad.

—Trabajas mucho —le dije.

Apretó los labios.

—Tengo que hacerlo.

No añadió nada más.

A los pocos minutos quiso volver a empezar. Le dije que podía terminar otro día, pero negó con la cabeza.

—Tengo que pasar por la farmacia después.

Otra vez esa urgencia.

Cuando terminó, salí a verlo y me quedé quieta en la entrada.

El jardín parecía otro. Los bordes del camino estaban limpios. La hierba, bien cortada. Los escalones de la puerta, barridos. Incluso había recogido los restos que