la cabeza entre las manos. Recordó las lágrimas de Marta, el dinero que él había intentado darle al echarla y la mirada de Lucía cuando la separó de ella. Había presumido durante años de saber detectar una mentira en cualquier negociación y, sin embargo, no había sabido ver lo que ocurría dentro de su propia casa.
Bajó al salón con el portátil.
Claudia hablaba por teléfono con la organizadora de la boda, discutiendo sobre el menú y las flores. Javier conectó el ordenador al televisor.
—Cuelga.
—¿Qué pasa?
Javier pulsó