Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

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El color desapareció del rostro de Claudia.

Primero dijo que el vídeo podía estar manipulado. Luego afirmó que Marta la había provocado. Finalmente perdió la máscara.

—Esa niña nunca me ha querido. Tú sigues viviendo para ella y para el recuerdo de Irene. Yo quería una vida contigo, no cargar con una cría que convierte esta casa en un funeral.

Javier la observó en silencio.

—Tienes 10 minutos para marcharte.

Claudia empezó a llorar, después a gritar. Le recordó las invitaciones, los invitados, la prensa social, la familia que