lo que hizo.
—Lo sé.
Javier no intentó justificarse.
—Lucía tiene fiebre. El médico dice que la infección no es grave, pero no quiere beber, no habla y solo pregunta por ti cuando delira. No vengo a ofrecerte dinero. Vengo a pedirte que vuelvas porque mi hija te necesita… y porque yo fui demasiado cobarde para creerte cuando debía hacerlo.
Marta cerró los ojos.
Podía rechazarlo. Tenía motivos de sobra. Pero la imagen de Lucía sola en aquella habitación pudo más que su orgullo.
Se quitó el delantal.
—Vamos.
Cuando