entraron en el chalet, Marta subió directamente al dormitorio. Lucía estaba acurrucada bajo el edredón, con el pelo pegado a la frente.
—Mi caballito —susurró Marta—. He vuelto.
La niña abrió los ojos.
Durante unos segundos no pareció reconocerla. Después levantó una mano.
—Marta.
Aquella palabra quebró a todos los adultos presentes.
Marta se sentó junto a ella. Lucía se incorporó y se abrazó a su cuello.
—Pensé que no volvías.
—Volví porque tú todavía me debes una carrera contra el monstruo del polvo.
Lucía soltó una risa débil.
Javier