Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

entraron en el chalet, Marta subió directamente al dormitorio. Lucía estaba acurrucada bajo el edredón, con el pelo pegado a la frente.

—Mi caballito —susurró Marta—. He vuelto.

La niña abrió los ojos.

Durante unos segundos no pareció reconocerla. Después levantó una mano.

—Marta.

Aquella palabra quebró a todos los adultos presentes.

Marta se sentó junto a ella. Lucía se incorporó y se abrazó a su cuello.

—Pensé que no volvías.

—Volví porque tú todavía me debes una carrera contra el monstruo del polvo.

Lucía soltó una risa débil.

Javier