que vigilar la hidratación y procurar que se sienta segura.
Javier dejó a Lucía con Carmen y salió bajo una tormenta.
Encontró a Marta limpiando una mesa en una cafetería casi vacía. Llevaba un uniforme gris y tenía el rostro agotado.
Cuando lo vio, se puso rígida.
—Si ha venido a decirme que falta algo más en su casa, puede ahorrárselo.
—He visto la grabación.
Marta dejó de moverse.
—Lo he visto todo.
Javier tragó saliva.
—Claudia ya no está. Y yo vine a pedirte perdón.
—El perdón no borra