que temía volver a enamorarse porque sentía que traicionaba a Irene.
Javier conoció a la Marta que había dejado un curso de educación infantil para cuidar a su madre enferma y que llevaba años encadenando trabajos domésticos. No era una santa ni una mujer misteriosamente perfecta. Tenía carácter, orgullo, días malos y una costumbre desesperante de cantar mientras cocinaba.
Y precisamente por eso empezó a enamorarse de ella.
No se lo dijo hasta que estuvo seguro de que Marta podía marcharse sin perder su estabilidad económica. Le ofreció pagarle el