curso que había abandonado, pero ella se negó. Entonces Javier encontró otra forma: reorganizó su horario para que Marta pudiera matricularse por su cuenta y trabajar menos horas sin quedarse desprotegida.
—No quiero salvarte —le dijo una noche—. Ya sé lo peligroso que es creer que el dinero da derecho a decidir por los demás.
Marta lo miró durante mucho tiempo.
—Por fin está aprendiendo, señor Montes.
—¿Algún día vas a llamarme Javier?
—Cuando se lo merezca.
Lucía decidió que aquel día había llegado antes que ellos.
Durante una comida,