Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

dejó la cuchara y preguntó:

—Si Marta ya no es la chica que limpia y papá la mira como en las películas, ¿por qué no sois novios?

Javier casi se atragantó.

Marta se puso roja.

Carmen salió de la cocina riéndose.

Aquella noche, después de acostar a Lucía, Javier y Marta caminaron hasta el pequeño embarcadero.

—No quiero pedirte nada que te haga sentir atrapada —dijo él—. Pero tampoco quiero seguir fingiendo que esto no existe.

—¿Esto qué es?

—Que cuando entras en una habitación, esta casa deja de parecerme