vacía.
Marta no respondió enseguida.
—Yo tuve miedo de quererte —admitió finalmente—. Porque el hombre que me echó aquella noche también eras tú.
Javier asintió.
—Lo sé.
—Y no quiero olvidarlo.
—No te lo pido.
—Pero también eres el hombre que reconoció lo que hizo, cambió y aprendió a escuchar a su hija.
Javier levantó la mirada.
Marta dio 1 paso hacia él.
El beso fue tranquilo, sin promesas exageradas ni testigos.
Solo Lucía los vio desde una ventana del piso superior.
A la mañana siguiente anunció durante el desayuno: