Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

—Ya era hora.

Pasó 1 año antes de que Javier le pidiera matrimonio.

No lo hizo en un restaurante caro ni delante de fotógrafos. Lo hizo en el salón donde había escuchado reír a Lucía por primera vez después de la muerte de Irene.

El suelo estaba lleno de cojines porque Marta y Lucía habían construido una fortaleza. Javier entró con una caja pequeña.

—Tengo una pregunta.

Marta lo miró.

Lucía ya sabía lo que ocurría y apenas podía contenerse.

Javier se arrodilló.

—La primera vez que te vi devolverle