la risa a mi hija pensé que habías hecho un milagro. Después entendí que no fue magia. Fue paciencia, respeto y cariño. Y también entendí que yo necesitaba aprender esas 3 cosas. No quiero que seas la sustituta de nadie. No quiero que ocupes el lugar de Irene. Quiero que tengas el tuyo.
Abrió la caja.
Dentro había un anillo sencillo con un zafiro azul.
—¿Quieres construir una familia conmigo, sin olvidar a quienes estuvieron antes y sin volver a esconder lo que sentimos?
Marta lloró antes de responder.
—Sí.