Lucía saltó sobre los 2.
—¡Entonces ya puedo decirlo!
—¿Decir qué? —preguntó Javier.
La niña abrazó a Marta.
—Que tengo 2 mamás. Una que está en mis recuerdos y otra que está aquí.
Marta cerró los ojos y la apretó contra el pecho.
Javier comprendió que aquella frase no borraba a Irene. Al contrario: la incluía en una historia que había conseguido continuar sin sustituirla.
Meses después, el día de la boda, no hubo revistas ni invitados elegidos para impresionar a nadie. Hubo familia, amigos, Carmen llorando en primera fila