permitido reconstruir los hechos.
Entonces escuché:
—Diego Navarro.
Solo fueron 2 palabras.
Pero sentí que algo dentro de mí finalmente se acomodaba.
Durante 2 años su nombre había aparecido en un acta acompañado por una sola palabra.
Fallecido.
Aquella mañana apareció junto a otra.
Denunciante.
Miré hacia el asiento vacío que había a mi lado.
Y lloré.
No porque hubiera recuperado a Diego.
Eso era imposible.
Sino porque finalmente el mundo sabía quién había sido.
Meses después dejé de trabajar limpiando la casa de Vicente.
Él me ofreció un puesto