Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

a obligarlo a dejar el trabajo.

Lo miré.

—Usted me dijo que llevaba meses mintiéndome.

—Es verdad.

Señaló el dinero en la mano de Mateo.

—Pero no por la razón que usted imagina.

La mujer se secó las lágrimas.

Don Ernesto continuó:

—Cada sábado le pago 500 pesos a su hijo.

—Lo sé.

—No. Usted sabe cuánto gana. Lo que no sabe es qué ocurre 2 minutos después.

Miró hacia la mujer.

—Mateo le entrega el dinero a ella.

No entendí.

—¿Todo?

—Prácticamente todo.

Miré a mi hijo.

—¿Desde cuándo?