No respondió.
Fue la mujer quien habló.
—Desde hace 6 meses.
Sentí que algo se hundía dentro de mí.
Se llamaba Lucía.
Tenía 32 años.
Dos hijos.
Camila, de 7.
Y Emiliano, de 5.
Su esposo se había marchado casi 1 año antes.
Lucía sobrevivía limpiando casas, pero había perdido varios trabajos.
Se atrasó con la renta.
Después Emiliano empezó a necesitar medicamentos con más frecuencia por su asma.
Algunas tardes llevaba a sus hijos a la fonda porque no tenía con quién dejarlos.
Don Ernesto les daba algo de