Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

comer cuando podía.

Mateo observaba desde la cocina.

Un sábado vio a Lucía contar monedas antes de pedir una sola orden para dividirla entre sus hijos.

Ella solo tomó agua.

Ese día, cuando don Ernesto le pagó, Mateo dejó sus 500 pesos sobre la mesa.

—Para los niños.

Lucía intentó devolvérselos.

Él regresó a la cocina.

La siguiente semana hizo lo mismo.

Y la siguiente.

Y la siguiente.

—¿Entonces nunca estabas ahorrando para la bicicleta?

Mateo negó.

—No.

Recordé la noche de los billetes.

—Pero yo te vi contando dinero.