Don Ernesto soltó el aire lentamente.
—Eso es lo que descubrí hoy.
Fue hasta un pequeño casillero detrás del mostrador.
Sacó un sobre azul grueso.
Lo colocó frente a mí.
—Abra esto.
Dentro había recibos.
Muchos.
Farmacias.
Supermercados.
Una tienda de uniformes escolares.
Fechas distintas.
Durante meses.
En varios aparecía la misma letra pequeña escrita con pluma:
Emiliano.
Camila.
Medicinas.
Renta.
Levanté la vista.
—¿Qué es esto?
Lucía comenzó a llorar otra vez.
Mateo bajó la cabeza.
Don Ernesto señaló los recibos.
—Su hijo no solo entregaba su sueldo.
Sentí