Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

me dijiste?

—No quería que pensaras que estaba tirando su regalo.

Me agaché frente a él.

—¿Y tú qué pensabas?

Mateo miró hacia los recibos.

—Que papá habría preferido eso a que estuviera guardada en un cajón.

Nadie habló durante unos segundos.

Entonces recordé la chamarra rota.

—¿Qué pasó junto al canal?

Don Ernesto endureció la expresión.

Mateo permaneció en silencio.

Lucía respondió:

—Eso fue lo que descubrí hoy.

Miré a mi hijo.

—Dímelo.

Finalmente levantó la cabeza.

—Unos muchachos me habían visto darle dinero a Lucía.

—¿Qué muchachos?

—De