Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

lastimarte.

—Lo sé.

—Tienes 13 años.

Mi voz resonó en el comedor.

Mateo bajó la mirada.

Durante unos segundos solo se escuchó a alguien recogiendo los platos rotos.

Después mi hijo habló.

—Nosotros estuvimos así.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

—Después de que murió papá.

Sentí un peso en el pecho.

—Eras muy pequeño.

—Tenía 10 años, mamá.

Levantó la vista.

—Me acuerdo.

No respondí.

—Me acuerdo cuando llorabas en la cocina porque pensabas que yo estaba dormido.

Tragué saliva.

—Me acuerdo cuando cortaron el internet.

—Mateo…

—Me acuerdo cuando decías