Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

que no tenías hambre para darme tu cena.

Cerré los ojos.

Había olvidado aquella noche.

O quizá había hecho un esfuerzo durante años para no recordarla.

—También me acuerdo de doña Carmen.

Nuestra vecina.

Durante semanas aparecía en la puerta con bolsas de comida diciendo que había comprado demasiado.

Ambos sabíamos que no era cierto.

—Y del amigo de papá que pagó la luz.

Recordaba perfectamente ese día.

Yo tenía 217 pesos en la cuenta.

No sabía qué iba a hacer.

Un antiguo compañero de Javier apareció, pagó el recibo