Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

entiendas todavía.

Don Ernesto dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Yo tampoco creo.

Mateo casi sonrió.

Aquella tarde no resolvimos la vida de Lucía.

No había ninguna llamada mágica capaz de hacerlo.

Pero comenzamos por algo más útil.

Yo trabajaba como coordinadora administrativa en una empresa de insumos médicos.

Una compañera conocía al administrador de una clínica que buscaba personal de limpieza por las mañanas.

Le conseguí una entrevista.

No un empleo.

Una entrevista.

Lucía fue por sí misma.

La contrataron 2 semanas después.

Los primeros meses siguieron siendo difíciles.

Todavía