entiendas todavía.
Don Ernesto dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Yo tampoco creo.
Mateo casi sonrió.
Aquella tarde no resolvimos la vida de Lucía.
No había ninguna llamada mágica capaz de hacerlo.
Pero comenzamos por algo más útil.
Yo trabajaba como coordinadora administrativa en una empresa de insumos médicos.
Una compañera conocía al administrador de una clínica que buscaba personal de limpieza por las mañanas.
Le conseguí una entrevista.
No un empleo.
Una entrevista.
Lucía fue por sí misma.
La contrataron 2 semanas después.
Los primeros meses siguieron siendo difíciles.
Todavía