Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos para comprarse una bicicleta. Una noche lo vi esconder un montón de dinero. Días después volvió cubierto de lodo y con la ropa rota. Entonces su jefe me llamó y preguntó: —Señora, ¿sabe qué hace Mateo con cada pago? Le dije que ahorraba para su bicicleta. Guardó silencio. —Entonces ya es hora de que sepa la verdad.

dado aquel dinero porque quería parecerse a Javier.

Nunca le respondí en ese momento.

Pero ahora, cada vez que lo veo salir en su bicicleta, pienso lo mismo.

No necesitas intentar parecerte a tu padre, hijo.

Ya te pareces a él.