miró al suelo.
—A veces pienso que no debí venderla.
Me acerqué.
—Tu padre no estaba dentro de esa consola.
Levantó los ojos.
—Nunca estuvo ahí.
No dije nada más.
No hacía falta.
Mateo volvió a subir a la bicicleta.
Lo observé pedalear calle abajo hasta doblar la esquina.
Durante 6 meses pensé que mi hijo estaba ocultándome algo oscuro.
Y tenía razón en una sola cosa.
Mateo sí estaba escondiendo algo.
Solo que no era la clase de secreto que yo había imaginado.
Tiempo después me confesó que había