hice.
—¿Sabes qué fue lo primero que preguntaste esta mañana?
Nicolás frunció el ceño.
—No.
—No preguntaste si estaba bien.
Saqué mi celular.
Le mostré su mensaje.
¿CÓMO SABES LO DE HORIZONTE?
—Eso fue lo primero que te importó.
Bajó la mirada.
—Por favor.
—Busca un abogado.
Me levanté.
—Teresa.
Llegué a la puerta.
—¿Qué va a pasar conmigo?
Lo miré.
—Eso ya no depende de mí.
Durante las siguientes semanas todo se desmoronó con una velocidad que ni siquiera Nicolás había imaginado.
La investigación se amplió.
Varias cuentas fueron