aseguradas judicialmente.
Los socios comenzaron a declarar.
Un contador entregó respaldos de correos.
Un exdirector financiero aceptó colaborar.
Y cada nueva pieza llevaba al mismo lugar.
Claudia había creado una estructura de proveedores inflados para desviar dinero de varios proyectos.
Nicolás había ayudado a aprobar contratos y mover parte de los pagos.
No era una víctima.
Era socio de una estupidez que ambos confundieron con poder.
Elvira me llamó 31 veces.
No contesté.
Después dejó un mensaje.
—La familia debe permanecer unida.
Lo borré.
La última vez que la había