ahora qué va a pasar?
Mi padre cerró la carpeta.
—Ahora no vas a volver a una casa donde creen que pueden abandonarte para enseñarte una lección.
Una casa que no sabía que existía
Al llegar a Monterrey, una mujer llamada Lucía nos esperaba. Me recibió con una sonrisa tranquila y me mostró una habitación luminosa, con una cama, un escritorio y una ventana que daba a un jardín. No parecía preparada para mí; parecía una habitación que había estado esperando.
—Alejandro nunca dejó de pensar que algún día vendrías —