me dijo Lucía mientras dejaba una taza de chocolate sobre la mesa.
Esa noche no dormí mucho. Tenía miedo de que todo fuera demasiado rápido. Miedo de que mi madre llamara y lograra hacerme sentir culpable, como siempre. Miedo de que Alejandro volviera a desaparecer cuando las cosas se pusieran difíciles.
A la mañana siguiente llegó Fernanda Ríos, una abogada especializada en familia. No me habló como a una niña problemática. Me explicó lo que veía en los documentos y me hizo preguntas sencillas: si me sentía segura con mi