Mi madre me dejó sola en el aeropuerto y llamó a mi padre “ausente”… treinta minutos después, todo cambió

me dijo Lucía mientras dejaba una taza de chocolate sobre la mesa.

Esa noche no dormí mucho. Tenía miedo de que todo fuera demasiado rápido. Miedo de que mi madre llamara y lograra hacerme sentir culpable, como siempre. Miedo de que Alejandro volviera a desaparecer cuando las cosas se pusieran difíciles.

A la mañana siguiente llegó Fernanda Ríos, una abogada especializada en familia. No me habló como a una niña problemática. Me explicó lo que veía en los documentos y me hizo preguntas sencillas: si me sentía segura con mi