—Papá… me duele la espalda. Mamá dijo que no te contara. Acababa de volver de un viaje cuando mi hija de 8 años me reveló por qué le tenía tanto miedo a su madre.kara

doctora revisaba cada lesión.

Tomaron fotografías clínicas.

Pidieron radiografías.

Revisaron brazos, hombros, piernas y costillas.

Cada vez aparecía una nueva marca, sentía que alguien me clavaba otro cuchillo.

Yo había vivido en esa casa.

Había dormido junto a Mariana.

Había desayunado con ella.

Le había dicho que la amaba.

Mientras tanto, mi hija aprendía a esconder moretones debajo de su ropa.

La doctora salió conmigo al pasillo.

—Las radiografías no muestran fracturas.

Respiré por primera vez en casi 2 horas.

Pero su expresión no cambió.

—Sin embargo, hay lesiones de