doctora revisaba cada lesión.
Tomaron fotografías clínicas.
Pidieron radiografías.
Revisaron brazos, hombros, piernas y costillas.
Cada vez aparecía una nueva marca, sentía que alguien me clavaba otro cuchillo.
Yo había vivido en esa casa.
Había dormido junto a Mariana.
Había desayunado con ella.
Le había dicho que la amaba.
Mientras tanto, mi hija aprendía a esconder moretones debajo de su ropa.
La doctora salió conmigo al pasillo.
—Las radiografías no muestran fracturas.
Respiré por primera vez en casi 2 horas.
Pero su expresión no cambió.
—Sin embargo, hay lesiones de