—Papá… me duele la espalda. Mamá dijo que no te contara. Acababa de volver de un viaje cuando mi hija de 8 años me reveló por qué le tenía tanto miedo a su madre.kara

que hubiera tenido.

También empezamos terapia.

La primera vez que la psicóloga me pidió entrar a una sesión, Valentina estaba dibujando una casa.

Tenía 2 ventanas.

Un árbol.

Un perro.

Y 2 personas tomadas de la mano.

—¿Quiénes son?

—Papá y yo.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Y esta casa?

—Una nueva.

—¿No quieres regresar a la nuestra?

Negó con la cabeza.

—Allá todavía siento que mamá puede entrar.

Esa misma noche llamé a una inmobiliaria.

3 meses después entregué las llaves de aquella casa.

No quería que mi