luz, le preguntaba:
—¿Hay algo que quieras contarme?
Durante semanas respondía:
—No.
Hasta que una noche me dijo:
—Sí.
Me senté junto a ella.
—Dime.
—Saqué 7 en matemáticas.
Esperé.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—Bueno. Mañana estudiamos juntas… juntos.
Se rio.
—Papá, no sabes matemáticas de cuarto.
—Soy ingeniero.
—Pero eres malo explicando.
—Eso sí puede ser verdad.
Se acomodó bajo la cobija.
Cuando estaba a punto de salir, escuché:
—Papá.
—¿Qué?
—Ya no me da miedo contarte cosas.
Apagué la lámpara.
Y tuve que quedarme unos segundos en el