—Papá… me duele la espalda. Mamá dijo que no te contara. Acababa de volver de un viaje cuando mi hija de 8 años me reveló por qué le tenía tanto miedo a su madre.kara

luz, le preguntaba:

—¿Hay algo que quieras contarme?

Durante semanas respondía:

—No.

Hasta que una noche me dijo:

—Sí.

Me senté junto a ella.

—Dime.

—Saqué 7 en matemáticas.

Esperé.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Bueno. Mañana estudiamos juntas… juntos.

Se rio.

—Papá, no sabes matemáticas de cuarto.

—Soy ingeniero.

—Pero eres malo explicando.

—Eso sí puede ser verdad.

Se acomodó bajo la cobija.

Cuando estaba a punto de salir, escuché:

—Papá.

—¿Qué?

—Ya no me da miedo contarte cosas.

Apagué la lámpara.

Y tuve que quedarme unos segundos en el