mí empezó a helarse.
—Nunca me enojaría contigo por decirme la verdad.
Valentina miró hacia la cocina antes de susurrar:
—Me duele la espalda desde ayer.
—¿Te caíste?
No respondió.
—Vale.
Sus labios comenzaron a temblar.
—Mamá dijo que fue un accidente.
Esperé.
—¿Qué accidente?
—Tiré jugo en la alfombra.
Sentí que el aire cambiaba.
—¿Y luego?
—Mamá se enojó.
Valentina tragó saliva.
—Me dijo que siempre arruino todo.
Entonces levantó los ojos.
—Me empujó.
No recuerdo cuánto tiempo dejé de respirar.
—¿Te empujó dónde?
—Contra la puerta.
Mi hija