llevó una mano a la parte baja de la espalda.
—Pegué con la manija. Me dolió mucho y no podía respirar.
Apreté las manos para evitar que me temblaran.
—¿Tu mamá te llevó al médico?
Negó con la cabeza.
—Dijo que dejara de hacer drama.
Sentí rabia.
Pero la rabia podía esperar.
Mi hija no.
—¿Puedo ver dónde te lastimaste?
Valentina dudó.
Luego se dio la vuelta y levantó lentamente su camiseta.
Lo que vi me revolvió el estómago.
En la parte baja de su espalda había un moretón enorme.