—Papá… me duele la espalda. Mamá dijo que no te contara. Acababa de volver de un viaje cuando mi hija de 8 años me reveló por qué le tenía tanto miedo a su madre.kara

6 de la tarde.

Tenía los hombros rígidos.

Los ojos clavados en el piso.

Y cuando levantó la mirada, sentí un golpe en el pecho.

Parecía asustada de verme.

—¿Qué pasó, corazón?

Dejé la maleta y caminé hacia ella.

Valentina retrocedió.

Me detuve inmediatamente.

—Soy yo.

Me arrodillé a unos pasos.

—No voy a acercarme si no quieres. Solo dime qué pasa.

Sus dedos apretaron la orilla de su camiseta.

—Prométeme que no vas a gritar.

—Te lo prometo.

—Y que no te vas a enojar conmigo.

Algo dentro de