—Papá… me duele la espalda. Mamá dijo que no te contara. Acababa de volver de un viaje cuando mi hija de 8 años me reveló por qué le tenía tanto miedo a su madre.kara

Morado oscuro.

Casi negro en el centro.

La forma era demasiado definida.

Redonda.

Exactamente como la manija metálica de la puerta.

Pero eso no fue lo peor.

Había otras marcas.

Una amarillenta cerca de la cintura.

Otra verdosa debajo del omóplato.

Y una tercera, casi desaparecida, cerca del costado.

Lesiones de diferentes días.

Valentina bajó rápidamente la camiseta.

—¿Estás enojado?

—No contigo.

—Mamá dijo que si te contaba ibas a hacer un problema y que nos podían separar.

Eso me destrozó.

Mi hija no solo había sido lastimada.

La habían