Lloraba a mi bebé tras el parto, hasta que mi hijo de 7 años me susurró: “Mamá, no se fue. Vi lo que hizo papá”

sabía algo: los dos habíamos estado tan hundidos en nuestro dolor que ninguno vio lo que le pasaba a nuestro hijo.

Nos sentamos con Tomás en el sofá, uno de cada lado.

—¿Entonces la bebé de la tía Paula es Julieta? —preguntó.

—Sí —le dijo Gustavo—. Julieta es su hija.

—¿Y Emilia?

Le tomé la mano.

—Emilia murió en la clínica, mi amor.

—¿Entonces no puedo traerla?

—No, mi vida.

Se apoyó en mí y lloró. Gustavo nos abrazó a los dos. Por una vez, nadie intentó arreglar nada. Nos