Alejandro miró hacia la ventana.
Recordó a Lucía diciendo:
“Necesitamos pagarle a usted.”
La ironía era brutal.
La niña había pasado noches cosiendo para pagarle renta a un hombre cuya familia quizá tenía una deuda con la suya desde hacía décadas.
—¿Mariana sabe esto?
—No todo —respondió Patricia.
—¿Por qué?
—Porque faltaba una prueba.
—¿Cuál?
Patricia miró a Roberto.
—El documento original firmado por papá y Elena.
Eduardo frunció el ceño.
—Sin el original, esto puede complicarse.
—Exactamente —respondió Roberto—. Y nadie sabía dónde estaba.
Alejandro comprendió.
—¿Sabía?
Roberto no