todavía no puede nacer.
Rafael tomó el teléfono.
No había señal.
La tormenta golpeaba el techo mientras los truenos hacían vibrar las ventanas.
Emilia empezó a llorar.
—Voy a perderla.
Rafael tomó el teléfono.
No había señal.
La tormenta golpeaba el techo mientras los truenos hacían vibrar las ventanas.
Emilia empezó a llorar.
—Voy a perderla.