Entonces, su abuelo propuso una forma poco convencional de poner a prueba a su futura esposa.
Gael debía presentarse ante cada candidata disfrazado del anciano Arturo y comprobar si aceptaría casarse con él sin amor, únicamente por dinero.
—Pero yo también acepté por dinero —dijo Alondra.
—No. Esa es precisamente la diferencia.
Sacó otro documento de la carpeta. Era una copia del contrato que Alondra había firmado antes de la boda.
Gael le mostró la última página.
Había una cláusula que ella no había notado antes: después de la boda,