tres semanas.
Me levanté.
—¿Renunciaste?
—Te lo iba a decir después de esta noche.
—Me dijo que tú ya sabías lo de la mudanza —agregó don Raúl, desconcertado.
—¿Qué mudanza?
Gustavo bajó los hombros. Había aceptado un trabajo en otra ciudad, a más de quinientos kilómetros. Y no me lo había dicho.
Todas las versiones de Gustavo
Entonces habló Vanesa, que ya no sonreía.
—Él me dijo que ustedes estaban separados hace meses. Que seguían viviendo juntos por la casa y porque su hija menor estaba en la universidad.
—Dormimos