Parte 2: La casa que ya no podían quitarmekara

levantó la voz. No necesitaba hacerlo.

—Vamos a solicitar al banco el detalle completo de las operaciones. También presentaremos un aviso por posible uso indebido de sus accesos y pediremos medidas para proteger el inmueble.

—¿Y ellos?

—No los enfrente sola. Cuando regresen, no discuta sobre dinero ni sobre la casa. Si intentan entrar a sus cuentas, vender documentos o presionarla para firmar, llámeme.

La palabra “presionarla” me hizo recordar la mano de Mauricio contra mi cara.

No dije nada.

Teresa me miró con atención.

—¿La agredió?

Durante años había