ocultado cada cosa que dolía porque me parecía vergonzoso admitir que mi propio hijo podía tratarme mal.
Pero esa mañana ya había entregado mi carpeta.
Ya había dejado de fingir que aquello era una pelea familiar.
—Sí.
Teresa anotó algo.
—¿Quiere denunciarlo?
Pensé en Sofía y Mateo en la playa. Pensé en sus voces emocionadas cuando me hablaron del hotel, convencidos de que yo viajaría con ellos. Pensé en Mauricio dejando la maleta a mis pies, como si yo fuera una carga que podía abandonarse en el recibidor.
—Quiero estar