Parte 2: La casa que ya no podían quitarmekara

de mi hijo solo cuando Teresa estaba sentada a mi lado.

—Mamá, ¿qué hiciste? —espetó sin saludar—. Las tarjetas dejaron de funcionar.

—Eran mis tarjetas.

—¡Pero estamos de vacaciones!

—Las cancelé porque tenías acceso a mis cuentas.

—Solo las manejaba por ti.

—No te pedí que manejaras nada.

Escuché a Verónica decir algo al fondo. No entendí las palabras, pero reconocí el tono: impaciencia.

Mauricio bajó la voz.

—Mamá, no hagas una tontería. Regresamos mañana y hablamos.

—No vas a hablarme en mi casa sin mi abogada presente.

Hubo silencio.