Parte 2: La casa que ya no podían quitarmekara

segura —dije—. Y quiero que sepa que no puede volver a hacerlo.

Teresa asintió.

—Eso es suficiente para empezar.

Esa tarde no regresé a casa.

Me quedé en un hotel pequeño cerca de la oficina de Teresa. La casa era mía legalmente, pero todavía no me sentía capaz de cruzar la puerta y enfrentar las habitaciones donde había pasado tres años pidiendo permiso para usar mi propia vida.

La primera noche dormí casi doce horas.

A la mañana siguiente, mi teléfono volvió a sonar.

Mauricio.

Verónica.

Mauricio.

Respondí la llamada