pero con el paso del tiempo la mujer se encariñó tanto con el animal que decidió quedárselo. La llamó Sunny.
En aquel entonces, la pitón era pequeña. Margaret podía levantarla sin esfuerzo y, en ocasiones, la serpiente se enroscaba tranquilamente en su muñeca mientras ella realizaba sus tareas diarias.
Su hija Daniella, quien trabajaba como médica veterinaria, al principio se mostró cautelosa. Sabía perfectamente que cuidar de una serpiente depredadora de gran tamaño exigía condiciones muy específicas y una supervisión constante. Por eso, ayudó a su madre a acondicionar correctamente